HotLife

#LaPsiQué Derrocar al gobierno, ¿y luego qué?

gasolina

Detrás de las protestas por el incremento del precio de las gasolinas se encuentra el tedio por las acciones de una clase política desmesurada y cínica. No se trata tanto de este evento en particular, sino de una larga, muy muy larga, historia de abuso: el impacto económico de los gasolinazos se suma al de largos años de pérdida de poder adquisitivo de las mayorías, mientras que quienes gobiernan nadan en el lujo.

Además de expresarse sólo en las palabras y en los memes, la ira acumulada puede convertirse en un estallido de masa o en una organización. Depende de cada uno lo que hará con su ira.

Varios recurrirán a la violencia, protegidos por el anonimato, dañando físicamente personas y comercios, o confundiendo por medio de rumores y noticias falsas; ahí su restablecimiento emocional y el alivio de su angustia…

Motivados por la ilusión de que hay un gobierno verdugo y unos ciudadanos víctimas, habrá quienes ataquen a las instituciones mientras nieguen la necesidad de que la ciudadanía madure y que cada uno sea un agente de cambio. Puede ser que los saqueos sean orquestados por las autoridades (no estoy diciendo que sí lo sean, no me consta; tampoco niego esa posibilidad), pero ¿no son los saqueadores personas que aceptan hacerlo? ¿Todos son tan honestos que no se sumarían a un robo? ¿No hay corrupción en cada esquina? El miércoles escuché a un hombre decirle a su amigo que estaría bien entrar al Chedraui contiguo para llevarse algo. Adjudicar todos los males al gobierno alivia a mucha gente de su angustia…

Por otra parte, se escuchan voces de quitar al presidente y de encerrar a todos los políticos. Por supuesto que sería genial que los funcionarios actuales renunciaran, sin embargo, sólo quitar el problema no es construir una solución. ¿Quién se va a colocar en esas sillas vacías? Sólo puede ser alguien tan hambriento de poder como los anteriores, en la medida en que creamos que alguien nos salvará, gracias a sus capacidades especiales. Así como un codependiente va, de relación en relación, idealizando a la siguiente persona que lo golpeará, las masas eligen tiranos porque no maduran.

El poder de otro, su aparente protección, los alivia de su angustia, la misma que proviene de sentirnos indefensos ante las exigencias de la vida, las propias emociones y necesidades, poco amados, incapaces de cumplir nuestros sueños, o temerosos al contacto interpersonal. Cada quien puede encontrar los motivos de su ansiedad.

Las personas que se reconocen poderosas acaban con la dependencia. La violencia —física, insultos, esparcir rumores, saquear— es una forma de intentar ser poderoso, motivada por el miedo, buscando una respuesta rápida y mágica. Construir un proyecto, confrontar la dependencia en uno mismo, actuar con creatividad y la desobediencia civil requieren de alimentar un poder duradero, realista y valiente, más allá del alivio de la angustia.

Y sobre todo, requieren de la capacidad para aceptar y comunicarse con otros, más allá del individualismo, humildemente, buscando una meta en común. Sólo así el fenómeno de masa se convierte en organización colectiva: protestas con propuestas.

Oscar Flores

Oscar Flores ejerce la psicoterapia psicoanalítica, es filósofo de regadera y le gusta correr. Contacto: floresaguayo@gmail.com.

Secured By miniOrange